La naturaleza del Quequén Salado en su encuentro con la costa marina. Desde su origen hasta su desembocadura, el río Quequén Salado conecta regiones con características ecológicas tan diferentes como las sierras y el mar. Atraviesa distintos tipos de paisajes en su recorrido: nace entre los sistemas serranos de Ventania y Tandilia, surca la extensa llanura pampeana, hoy intensamente modificada por el uso agrícola, hasta que luego de atravesar la barrera austral de medanos costeros y posteriormente la playa marina, vierte sus aguas en el Océano Atlántico. En su curso inferior, el Quequén se abre paso entre los ambientes costeros, desplegando una rica diversidad de hábitats y formas de vida. Un poco antes de llegar al balneario Marisol el río presenta márgenes heterogéneos: el derecho, del lado de Dorrego es bajo e inundable, mientras que el izquierdo, del lado de Tres Arroyos ofrece acantilados que contrastan abruptamente con la llanura costera. La escasa pendiente del curso inferior produce que los sedimentos finos que el río transporta sean depositados formando una planicie aluvial con los característicos “cangrejales”. Estos particulares ambientes, están conformados por un sustrato con predominancia de limos y arcillas, densamente “salpicado” de pequeñas cuevitas. En ellas encuentran refugio cangrejos de especies como Chasmgnatus granulatus y Uca uruguayensis, verdaderos “arquitectos” del cangrejal. Chasmagnatus granulatus, comúnmente llamado “cangrejo del barro” tiene la particularidad de que sus cuevas se interconectan en forma subterránea, constituyendo intrincadas galerías donde conviven tanto hembras como machos, e individuos en distintos estadios de desarrollo. Estos animalitos salen de las cuevas en marea alta, deambulando de a miles por la playa y vuelven al reparo de sus refugios durante la marea baja. Uca uruguayensis es el “cangrejo violinista”. Se lo reconoce fácilmente por una vistosa pinza roja que los machos desarrollan en gran tamaño solo en una de sus extremidades anteriores y de la cual han adquirido su apodo. La utilizan tanto para defenderse de otros machos como para cortejar a las hembras. A diferencia del otro cangrejo, estos habitan cuevas individuales, se exponen en la playa durante la marea baja y se entierran sellando la entrada de la cueva con sedimento cuando la marea sube. De esta última forma permanecen durante todo el invierno para volver a habitar la superficie en primavera. La vegetación asociada a estos ambientes salobres de baja energía, es de tipo “halófila” (“que tiene afinidad por la sal”). Adaptaciones particulares de su estructura y fisiología permiten que estas plantas toleren altos contenidos de sal en el sustrato. Entre ellas, se destacan Sarcocornia perennis, Limonium brasiliense, Baccharis juncea, Sesuvium portulacastrum, Schoenoplectus americanus. La vegetación facilita la retención de sedimentos, y estos de alguna manera, contribuyen a mitigar los efectos de los desbordes del río y eventuales procesos erosivos generados durante las crecidas, además de dar sustento a los seres que conforman este dinámico ecosistema. La presencia de sustrato blando permite el desarrollo de una rica fauna de invertebrados que encuentran el hábitat propicio donde enterrarse. Algunos, como los cangrejos, consumen restos de materia orgánica que se deposita en el fondo; otros filtran el agua en busca de partículas de alimento en suspensión A su vez, estos invertebrados, junto con los abundantes peces, constituyen el recurso alimenticio de diversas especies de aves: una red de vida se nutre de la energía del Quequén. Las aves son numerosas y llamativas. Se encuentran especies de hábitos diversos: las hay marinas y costeras, migratorias, zambullidoras, buceadoras, etc... Algunos de los representantes estables de este elenco son el macá común y el macá grande, el biguá, patos de diversas especies: maiceros, barcinos, capuchinos, cucharas, gallaretas, y el simpático tero real, que permanecen en la zona durante todo el año. Se destacan los flamencos, por ser aves de notable tamaño y una hermosa coloración rosada. Entre los ejemplares costeros, la gaviota cocinera, es la especie más común. Aunque posee una amplia plasticidad para habitar gran variedad de ambientes (incluso zonas rurales y urbanas), son típicas en las costas de mar en toda la Provincia de Buenos Aires. Siendo juveniles, presentan un plumaje amarronado, hasta que luego de sucesivas mudas, adquieren la coloración blanca y negra contrastante que identifica al adulto. Emparentada con esta última especie se encuentra un habitante muy peculiar de las orillas del Quequén Salado: la gaviota “cangrejera” o gaviota de Olrog. Esta gaviota es sumamente similar en su aspecto exterior a la gaviota cocinera, de la cual es posible diferenciarla por una distintiva banda negra en el extremo de la cola, visible cuando el animal está en vuelo. La gaviota cangrejera adquiere su nombre por la importancia que tienen los cangrejos en su dieta. Es una especie endémica de la costa atlántica del sur de Sudamérica, lo cual significa que no se la encuentra en estado silvestre en ninguna otra parte del mundo. Se reproduce en las costas de Patagonia, Buenos Aires y Uruguay. Debido a su reducida distribución geográfica y su escasa población reproductora, se encuentra amenazada y figura con el status de “vulnerable” en la lista roja de la Unión Internacional para la Conservación de la Naturaleza (UICN). De la familia de los “rayadores”, existen sólo tres especies en el mundo, y una de ellas habita la costa del Quequén Salado. El rayador se observa en gran número en la costa bonaerense durante fines de verano e invierno. La morfología del pico en estos ejemplares es muy particular. La mandíbula inferior adquiere un tamaño notablemente mayor que la superior, característica de la cual se vale para interceptar los peces de los que se alimenta, “rayando” la superficie del agua. Los pequeños “caminadores” costeros son los chorlos y playeritos. Entre ellos, dos especies merecen mención por ser especies migratorias. El chorlito doble collar, que se distingue por una doble banda oscura en el cuello, nidifica en Patagonia e Islas Malvinas y arriba a Buenos Aires durante el invierno; y el playerito rabadilla blanca, que recorre una ruta migratoria de más de 10.000 km desde Alaska y Canadá, donde tiene sus sitios de nidificación, hasta la costa bonaerense, donde pasa el verano austral. En ambas especies, los ejemplares rondan una talla de 15 cm, y se presentan generalmente en grupitos vadeando las orillas de los cuerpos de agua. Muchas otras aves costeras resta aun mencionar, como la gaviota capucho café, reconocible por el “capuchón” de plumaje oscuro que presentan los machos en la cabeza durante la época reproductiva; los gaviotines, generalmente más pequeños que las gaviotas, con el llamativo hábito de “zambullirse” para capturar los peces que constituyen su dieta; el ostrero, con un vistoso pico largo y rojo, y las becasas que arriban a la zona en invierno migrando desde el hemisferio norte. Por otro lado, las paredes de los acantilados que el río ha labrado durante siglos, ofrecen sitios aptos para los loros barranqueros, que se congregan en alto número abriendo cuevitas en la pared de la barranca. Al llegar a la playa marina, el río se abre paso entre la arena formando una compleja trama de canales naturales. La confluencia de las aguas fluviales y las aguas del mar genera una zona de alta productividad pesquera y da origen a un pequeño estuario. El curioso registro de un ejemplar de Philodryas aestivus -una culebra verde que presenta una población en el sur de Buenos Aires restringida a Sierra de la Ventana- en las inmediaciones de la desembocadura, ha permitido generar entre investigadores científicos la hipótesis de que este curso fluvial podría estar actuando como “corredor faunístico”. Esto significa que permitiría el desplazamiento de ciertas especies interconectando las sierras australes con la costa del mar. El rol ecológico del río es importantísimo, y muchos de sus atributos y procesos están aún por ser explorados e interpretados. Lamentablemente, el hombre en muchos casos no valora la riqueza excepcional de estos espacios naturales y el impacto de sus acciones indiscriminadas se hace sentir sobre el medio natural. El Quequén Salado no está exento de intervenciones inapropiadas, desmesuradas y crueles. Es así que en su historia reciente ha sido objeto de tristes eventos, como el descarte en sus aguas de productos contaminantes que produjo la innecesaria muerte de cientos de aves y peces. Actos de “egoísmo” como este, atentan contra la integridad de la fauna y la flora y dañan el delicado equilibrio de este sistema. Es el deseo de aquellos que conocemos y respetamos el Quequén, generar conciencia y transmitir admiración por este maravilloso curso, tanto entre quienes lo ven a menudo como quienes lo visitan esporádicamente. Resulta indispensable promover desde todos los ámbitos posibles que el uso de los ambientes naturales y sus recursos se efectúe en forma sustentable, para que las aguas del Quequén sigan transportando vida desde las sierras al mar.
BIBLIOGRAFÍA CONSULTADA - Boschi, E. E. y M. B. Cousseau, (Eds.), 2004. La vida entre mareas: Vegetales y Animales de las costas de Mar del Plata, Argentina. INIDEP, 383 pp. - Marini, M. F. y M. C. Piccolo. 2005. Hidrogeomorfología de la cuenca del río Quequén Salado, Argentina. Investigaciones geográficas. 37:59-71 - Narosky, T. y D. Izurieta. 2003. Guía para la identificación de las aves de Argentina y Uruguay. Edición de Oro. Vazquez Mazzini Editores, Buenos Aires. 348 pp
Autor: Cintia Celsi Bióloga PROYECTO COSTAS BONAERENSES Fundación de Historia Natural Félix de Azara gestion.costas@fundacionazara.org.ar
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