FELIPE PACHECO, EL TIGRE DEL QUEQUEN TRES TRISTES TIGRES (TRES HISTORIAS, TODAS ELLAS DIFERENTES, SOBRE LA VIDA DE FELIPE PACHECO, UNA LEYENDA LUGAREÑA)
Felipe Pacheco nació en Buenos Aires en 1827 y creció en el barrio de Palermo, según el autor de “El tigre del Quequén” un libro de poemas en verso escrito por Hilarión Abaca en el año 1920 y editado por Alfonso Longo en la ciudad de Rosario ...Felipe era una de esas/ criaturas desgraciadas/ que nacen predestinadas/ a padecer y llorar... De los poemas de Abaca se desprende que a Pacheco no se le conocieron padres ni ningún otro familiar y que fue criado por Gregoria Rozas, una mujer de buena posición económica que lo maltrató física y psicológicamente. Ya de muy joven, “El Tigre” se vio involucrado en peleas con otros malevos de la época. Hilarión destaca las que tuvo en defensa personal con “El Tuerto” y con “El Negro de Olivos”, a quienes decidió no matar a pesar de haber tenido todas las posibilidades de hacerlo. Marcos, el mejor amigo de Pacheco, le sugirió que se fuera de Palermo porque las peleas que había tenido eran motivo suficiente para que lo buscase la policía. Y así lo hizo. “El Tigre” y su amigo partieron rumbo a Chascomús, donde aparentemente trabajaron como domadores de caballos, animales que a Felipe le habían interesado desde muy chico. En aquella ciudad Pacheco se vio rápidamente enredado en problemas relacionado con las carreras de caballos, según Abaca, nunca por su culpa, pero lo cierto es que tuvo algún enfrentamiento violento que derivó en una nueva fuga junto a su inseparable amigo Marcos. En la huida fueron a parar a Ensenada. Allí conoció a Juana, con quien tuvo dos hijos, una mujer y un varón al que llamaron Marcos, probablemente en homenaje al amigo de “El Tigre”. Felipe y Juana vivieron juntos en una estancia donde éste domaba caballos. En ese período Pacheco y su amigo ingresaron al ejército de Urquiza para combatir contra Rosas. En una de las batallas Marcos calló muerto. Pacheco había sido convocado al ejército de Urquiza por Miguel Martínez de Hoz, quien más tarde sería nombrado Juez de Paz en el Moro y lo llevaría allí como su sargento. El lugar era asolado por ladrones y asesinos de toda clase, a los que ”El Tigre”, por orden del Juez de Paz, los detenía o corría del lugar. Tiempo después, cuando Martínez de Hoz ya no era Juez de Paz, Felipe Pacheco fue encarcelado en Dolores y posteriormente sentenciado a pena de muerte. Abaca no explicita en su libro las causas que motivaron su detención, solo dice que levantaron cargos contra el un comisario y dos gauchos. El día en que iba a ser asesinado, Pacheco logra escaparse y vuelve con su mujer, quien le advierte que la policía también quería matar a sus hijos, cosa que finalmente no sucede, pero que sirve como disparados del deseo de venganza de “El Tigre”. Perseguido por la autoridad, el gaucho atraviesa la ciudad de Buenos Aires en dirección sur hasta dar con el famoso escondite a la orilla del río Quequén Salado. Otra versión, menos novelesca que la anterior, da cuenta que El Moro era una estancia propiedad de Martínez de Hoz, a la cual “El Tigre” fue a trabajar como premio por su buen servicio durante las batallas contra Rosas. Aparentemente allí tuvo problemas con un capataz llamado Jorge Rodríguez, a quien asesinó, escapando del lugar. También se ha dicho que Felipe Pacheco no enfrentó a los soldados de Rosas formando parte de los bandos de Urquiza, sino que se peleaba con ellos en encuentros casuales en pulperías, tal como los que solía tener con otros malevos. Las crónicas periodísticas son las encargadas de mostrara un Pacheco bien diferente del que describen los versos de Hilarión Abacá e incluso llegar a lanzar críticas muy ácidas hacia una novela sobre el gaucho escrita por Eduardo Gutiérrez, en la cual también se habla bien de “El Tigre”, según la versión periodística de los hechos Felipe Pacheco inició su carrera delictiva a muy temprana edad, siendo las pulperías y boliches de lugares como Balcarce, Lobería, Necochea y Quequén “los escenarios de hechos que habrían de definir sus condiciones de compadrito, cuchillero y al mismo tiempo traicionero, a lo que unía un carácter altanero y provocados”, según relata un artículo del cual no podemos precisar fecha ni origen, aunque evidentemente fue escrito en el siglo xx. Este accionar derivó en que las autoridades expulsaran a Pacheco de la zona, tras lo cual no se supo de él por mucho tiempo. No obstante los escasos pobladores de la región temían que en el momento menos esperado “El Tigre” reapareciera para robar o matar. Felipe Pacheco habría encontrado refugio en margen del río Quequén Salado entre los años 1860 y 1875, en oportunidad de cumplir trabajos como arriero en los campos de José Zubiaurre, en la zona de lo que hoy es partido de Coronel Dorrego. La fama del delincuente y hombre peligroso que había alcanzado el gaucho era motivo más que suficiente para que se le atribuyeran crímenes que jamás había cometido y esto sirvió para que las autoridades comenzaran a buscarlo con el fin de llevarlo preso. Luis Aldaz, a quien apodaba “el gorra colorada” era un comisario con tanta fama como Pacheco pero, lógicamente, había logrado ese reconocimiento trabajando del lado de los que luchaban contra personas como El Tigre”. Fue precisamente Aldaz, el encargado de comandar la patrulla que finalmente detuvo a Pacheco. Los relatos antes citados señalan que “el gorra colorada” sabia que el delincuente se escondía en alguna parte del curso inferior del río Quequén salado, pero no le resultó nada sesillo atraparlo. El comisario y sus hombres buscaron a Pacheco durante varios días sin lograr resultados, inclusive estuvieron a punto de abandonar el rastreo. En realidad, era imposible que estos uniformados pudieran descubrir el escondite perfecto que “El Tigre” había hallado, a menos, claro está, que fuera él mismo quien los llevase hasta el lugar o que cometiera algún error. Esto último fue justamente lo que sucedió. Felipe Pacheco tenía un perro, compañero inseparable en aquellas aventuras de vivir en el interior de una cueva, pero el can no siempre andaba junto a su amo de hecho, una noche se acercó al campamento de los policías que buscaban a Pacheco. Los uniformados temieron que el sabueso les comiera las pacas provisiones que les quedaba tras la larga búsqueda, y por ello fue que decidieron correrlo. Luego de transitar unos cuantos metros, las autoridades vieron como el animal se metía en el interior de un gran agujero junto a la barranca del río. El tamaño de aquel hueco en la piedra y la presencia de un perro en la zona les hizo suponer que “El Tigre” podría estar oculto en ese lugar. Esa misma noche la patrulla se apostó entorno a la cueva y solo tuvo que esperar al amanecer para que Pacheco saliera del interior, luego de despertarse esa mañana. La fecha exacta de la detención de “El Tigre” Pacheco no está muy clara, aunque podría haber sido en el año 1875. El encarcelamiento fue en Dolores, de donde salió en libertad cinco años después, en 1880. La tercera versión de la historia es la conocida por la señora Maria Salvatierra de Solfanelli, “Titina” para los conocidos tresarroyenses. Dos tíos abuelos de “Titina”, los que se llamaban Juan y Cipriano Salvatierra, fueron amigos personales de Felipe Pacheco y, según sus dichos, ninguno de los relatos difundidos seria verdaderos. En su infancia “Titina” escucho cientos de veces la que seria la historia mas verídica sobre quien fue Felipe “El Tigre” Pacheco. Al parecer el famoso “Tigre” no había nacido pobre, sino todo lo contrario, Pacheco venia de una familia de muy buena posición económica, la que estaba vinculada con los mas altos jefes militares de la época. Según la misma versión, el hombre habría matado a un militar por algún problema entre ellos nunca revelado. Tras este hecho, Pacheco no tuvo más opciones que escapar, y habrían sido descendiente del mismísimo Manuel Dorrego quienes lo ayudaron, señalándoles las posibilidades de ocultarse en proximidades de sus campos, en un río en cuyas altas barrancas había cuevas tan grandes como una casa. Pacheco habría dado muerte a un policía que descubrió su escondite; esto derivó en la búsqueda que inicio el comisario Aldaz, el “Gorra Colorada” la que termino con su captura.

Nota de EL PERIODISTA, publicado en Tres Arroyos, Junio de 2001
Recopilación: Carlos Horacio Keller ckeller57@hotmail.com


Cooperativa

30
Tirolesa
la cooperativa munpunleufu instalado una tirolesa de mas de 185 mts de largo en...
Feb
18
Broche de Oro
la aventura del rio quequen salado viví la experiencia inigualable de remar 4...